La blanquísima rosa que me embriaga
con su aroma exquisito día a día
me seduce con una alevosía
clavando sus espinas como dagas
la blanquísima rosa cultivada
que habita en los rosales de mi alma
a su tallo me ata, une, empalma
quedando en mí por siempre entrelazada
la blanquísima rosa delicada
de una belleza extrema impresionante
al dejar de pensarla un sólo instante
dejo de ser yo mismo y no soy nada
la blanquísima rosa quien diría
dulce néctar, belleza y gran hechizo
el destino fue bueno porque quiso
que no fuera de otro sino mía
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